Música en la primera infancia: mucho más que jugar y cantar
Desarrollo
Entre el año y los tres años, el cerebro de los niños atraviesa una etapa de enorme crecimiento. En este período, las experiencias cotidianas tienen un papel fundamental en la construcción de nuevas conexiones neuronales.
Y la música puede ser una gran aliada.
Cantar, escuchar canciones, repetir sonidos, seguir ritmos, aplaudir, moverse o simplemente disfrutar de una melodía son experiencias que involucran distintas áreas del desarrollo infantil al mismo tiempo. Por eso, la música no es solamente una actividad recreativa: también puede acompañar el desarrollo del lenguaje, la motricidad, el pensamiento y la regulación emocional.
¿Qué aporta la música durante estos primeros años?
🗣️ Favorece el desarrollo del lenguaje
Durante esta etapa, el vocabulario comienza a crecer rápidamente. Las canciones, rimas y repeticiones permiten que los niños entren en contacto con sonidos, sílabas, acentos y patrones del habla incluso antes de poder pronunciar palabras completas.
La repetición, además, les permite anticipar lo que viene y participar activamente de la experiencia.
👐 Acompaña el desarrollo de la motricidad
Moverse siguiendo una canción, aplaudir, marchar, saltar o realizar determinados gestos implica coordinar el cuerpo con el ritmo.
A través de estos juegos musicales, los niños pueden explorar el equilibrio, la motricidad gruesa, la coordinación y el espacio que los rodea.
🔢 Ayuda a construir nociones de secuencia y orden
Los ritmos, los tiempos y las pausas también ofrecen una primera aproximación a conceptos como secuencia, repetición, orden y conteo.
No hace falta enseñar matemática para que estos aprendizajes sucedan. Muchas veces aparecen naturalmente mientras jugamos.
❤️ También es una forma de comunicarse y regular las emociones
La música puede generar momentos de conexión y encuentro entre niños y adultos. Cantar juntos, repetir una canción conocida o acompañar con música determinados momentos del día puede ayudar a construir seguridad y favorecer la regulación emocional.
Desde esta mirada, la música también puede ser una herramienta para fortalecer el vínculo afectivo y el apego seguro, además de acompañar momentos cotidianos como las rabietas, los cambios de actividad o la necesidad de calma.
La música no empieza con un instrumento
Cuando hablamos de desarrollo musical en la primera infancia, no hablamos necesariamente de aprender a tocar un instrumento o de cantar correctamente.
Hablamos de explorar, escuchar, repetir, moverse, descubrir sonidos y compartir.
Una canción que se repite todos los días. Un aplauso siguiendo un ritmo. Golpear suavemente una caja. Inventar una melodía. Bailar juntos. Hacer una pausa y volver a empezar.
Son pequeños juegos que, además de divertirnos, ofrecen a los niños oportunidades para descubrir su cuerpo, comunicarse, relacionarse con los demás y conocer el mundo.
Por eso, hacer música con nuestros chiquitines también es una forma de acompañarlos a crecer.
En Kururú creemos en estos espacios de encuentro, juego y exploración durante los primeros años, respetando los tiempos de cada niño y disfrutando del proceso.
¿Querés saber más sobre el desarrollo musical en la primera infancia? Escribinos.
Psic. Griselda Beccaría
